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Marco de la O: “No había nadie mejor que yo para interpretar al ‘Chapo’”

El actor mexicano que interpretó al líder del Cártel de Sinaloa en la serie habló sobre el riesgo de meterse en los asuntos del narcotraficante 


16/04/2018

Marco de la O tiene 39 años, una esposa e hija y dos décadas de carrera en la actuación, en teatro y TV; el ‘Chapo’ Guzmán tiene 61, tres mujeres y ocho hijos y más de 35 años en el narcotráfico, fue el segundo hombre más buscado por el FBI y la Interpol en 2001 y el # 67 de las personas más poderosas del mundo en 2013.

Si bien el estilo de vida de ambos mexicanos los hace opuestos, el parecido físico es sorprendente y le valió a Marco de la O el reto de interpretar al líder del cártel de Sinaloa en la serie El Chapo, que Netflix estrenó en 2017 y que en junio lanzará su tercera temporada.

Desde Toronto, donde trabaja en otro proyecto, De la O conversó con EL DEBER sobre el capo, el muro de Donald Trump y la situación latinoamericana.  

-Un error con el Chapo podía costar caro, ¿cómo te preparaste para representarlo? Antes de que empezara la serie tenía que informarme, saber de qué estaba hablando. Leí cuatro libros, pero solo me marcaban los hechos históricos y periodísticos, no cómo camina, cómo habla, cómo se lleva con sus hijos. Entonces me fui a internet a buscar videos, pero los únicos de los últimos años fueron los de su captura y el que grabó con Sean Penn y Kate del Castillo, y, aunque no me decían mucho, me enfoqué en su mirada, porque dicen que la mirada es el reflejo del alma y así pasen los años, no cambia. Sus movimientos y su forma de hablar son una creación personal y actoral.  

-¿Qué fue lo más difícil?  

Me comprometió personal, actoral, física y emocionalmente. Cuando tienes un personaje ficticio uno es capaz de modificarlo a su gusto, pero cuando es uno de la vida real, icónico, conocido mundialmente y que podría ser peligroso si se malinterpreta, porque tiene hijos, madre, esposa, entonces hay que tener cuidado y responsabilidad. Cuando tomé el personaje, analicé los primeros capítulos y me di cuenta de que era una serie inteligente, con responsabilidad social y televisiva, y que estaba muy bien investigada y que iba a ser un trancazo. Luego, al ver el resultado dije que no había nadie mejor que yo para hacer este personaje. Tenía que tomar ventaja de mi parecido con él, porque debo aceptar que me parezco y caracterizado mucho más, pero nadie me ayudó a ganarme el personaje, lo hice con 20 años de trabajo y disciplina.

-El Chapo se ganó el apodo por su estatura (1,55 m), ¿también sos bajito?   Cuando hubo el casting creía que iba a ser complicado representarlo porque mido 1,75, pero la cámara y la TV hacen maravillas.

-¿Qué otros cambios necesitó el papel?
La serie abarcó tres décadas de la vida del Chapo. En la primera temporada se ve la época de sus 30 años, cuando era muy joven y delgado, pero para la segunda, de sus 40, y la tercera, de sus 50, tuve que subir 15 kilos en 15 días y, además, tener los cambios físicos que se adquieren con los años, como la postura.

-Armas, drogas, violencia, ¿cómo lidiaste con tanto?
Las tres temporadas se grabaron en un año, así que llegamos a trabajar 12 horas diarias y ese tiempo interpretando a alguien tan diferente a mí, con tensión, pistolas y pensamientos oscuros, por supuesto que te llega a afectar energéticamente. Muchos compañeros me dicen que quedaron tocados por sus personajes, que ya se sentían como ellos, pero creo que no soy un actor tan vivencial. Debo reconocer que llegaba a casa y tenía la energía del set y de mi Chapo, y esto se podía manifestar con un mal gesto con mi esposa, pero ella, que también es actriz, me ponía los pies en la tierra y me decía: ‘Aquí ya no eres el Chapo, ponte a lavar los platos”. 

-Se informó que la familia del capo demandaría a Netflix, ¿no hubo represalias?
Hasta ahora no hemos tenido ningún problema, creo que porque la serie fue tomada desde un punto de vista muy humano, sin mostrar un héroe ni hacer apología del narcotráfico. 

-¿Un personaje como el Chapo merecía una serie?
Es un personaje que es capaz de hacer cosas buenas y cosas malas, pero luego como actor me pregunto qué está bien y qué está mal, para mí puede estar bien algo y para ti no, para el Chapo todo estaba bien, para mí todo estaba mal, pero no tengo el derecho de juzgar a mis personajes. No estoy defendiendo a nadie, ni al Chapo ni a los políticos, la serie refleja un problema que no tenemos solo en México, está en el mundo entero, y ustedes deben cuestionar las cosas que no están funcionando. 

-Bueno, y también hay libro y películas de estos temas...
Y no está mal, hay muchas películas, documentales y cortometrajes sobre la Segunda Guerra Mundial. Fue un evento crucial en la historia de EEUU y había que marcarlo, y la cultura está para eso, como la pintura, como el Guernica, de Picasso, que es la guerra civil española. Lo que veo mal es que esté mal hecho. Mañana puede ser de otro tema y espero que la gente siga guardando documentos y que el arte no pare de reflejarlos.

-¿Cambió la situación en México con el Chapo preso?
No cambió nada, ahora que vienen las elecciones y un nuevo presidente ojalá se arregle esta situación tan lamentable. El único camino que veo es la legalización para quitarle el valor económico al producto y así no haya más muertos ni por qué pelear. Trump quiere hacer un muro para que no pase más droga y yo espero que lo haga muy alto porque todas las armas que están en México con las que se financia y se defiende el narcotráfico provienen de EEUU. Es un problema mutuo, los que consumen son los que hacen la oferta y demanda, por eso se vende, por eso está cara.

-¿Te cambió el papel?
Por supuesto, me volví mejor, ha sido un entrenamiento brutal con los estándares más altos de calidad, la serie se llama El Chapo y yo era el Chapo. Ahora en Canadá o en Toronto me piden fotografías, me escriben de Turquía, de Madagascar, donde nunca pensé llegar. Eso es lo interesante de este trabajo, que podemos tocar los sentimientos de la gente y así cambiar el mundo. Ha sido muy satisfactorio que mi trabajo fuera visto en 190 países.

-¿Puede haber cuarta parte?
Hoy el Chapo está entre cuatro paredes, no hay mucho que contar, pero no sabemos qué pasará. 



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