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Busca más coronas. Contadora. Sabe de carencias en su niñez. Es Josseline Camacho, la nueva reina de la Villa Primero de Mayo que quiere ser Miss Santa Cruz.

“Ando en micro, la corona no me ha cambiado”

Perfil. Josseline Camacho es la nueva miss Villa Primero de Mayo. Conocela


09/04/2019

Siempre fue una ‘villana’. Se crio a una cuadra de la plaza principal del distrito siete. Ahí en la calle tres. Jugaba a la cocinita y a las muñecas cuando la calle todavía tenía una capa de tierra. Y correteaba con los otros grupos de niños. Era feliz. Y lo es. Pero... sabe de necesidades. Sabe de vivir en un cuarto alquilado con su mamá y su hermano. Sabe de crecer en una ciudadela golpeada por la desigualdad social y alejada del casco viejo. Ella, Kelly Josseline Camacho Céspedes, es la nueva miss Villa Primero de Mayo 2019.

¿Quién es?

Kelly peleó por la corona y la obtuvo. Eso no la “hace ni más ni menos” -como dice- y sigue siendo una joven (ahora de 21 años), que estudió Contaduría Pública y que dejó de trabajar para dedicarse al modelaje por completo.



Con 1,72 metros. Dueña de una figura delgada. Está decidida a dar todo para llevarse su segunda corona, la del Miss Santa Cruz. Por el momento no hay nada dicho, porque todavía debe aprobar el casting de la agencia Promociones Gloria para entrar en la competencia oficial.

“Estoy yendo al certamen (del departamento) con todo. Voy a la guerra. Las ‘villanas’ somos decididas y entradoras. ¡Me voy a robar la corona! Tengo que ganarla sí o sí. Este será mi año”, dice.

No le gusta la política. Prefiere estar “tranquila”. Es cristiana evangélica. Reconoce que no debería mezclar la religión con el concurso de misses, pero en su iglesia (Bethel) la apoyan. Eso sí, jamás aceptaría una propuesta ‘indecente’ o un desnudo explícito en una sesión de fotos.

Siempre la humildad



No tuvo el calor de su padre. No creció en una cuna de oro. No tuvo ostentaciones en su vida. Pero su mamá le enseñó a que, con la perseverancia, la responsabilidad y la humildad, se pueden conseguir las cosas.

Su progenitora era costurera. Y ahora ya dejó las telas y los hilos. “Nos toca ver por ella (con su hermano)”, expresa. Y une: “Mi papá vive en Cochabamba y nos envía dinero, y mi hermano (Yerko) es taxista”.

Ahora vive en el barrio Hermenca. No dejará de usar el micro. La línea 13, esa amarilla de franjas verdes y rojas, es su aliada. La deja en la puerta de su casa y la lleva donde “su majestad desee”.

Sus ojos miel han visto cómo su ciudadela cambió poco a poco. La delincuencia -según ella- es menos que antes y todavía hay mucha gente viviendo en la calle. Si antes le daba quintos a los chicos, ahora les ofrece un plato de comida “...porque ya sé en qué gastan la plata”, indica. “Tenemos problemas como en cualquier barrio. Pero ya no somos una zona roja. Hay mucha gente trabajadora”, asegura.

Amante del churrasco. Buena para los números. Estudiará Comunicación Social porque quiere conducir un programa. ¿Un retoque quirúrgico? Ni uno. ¿Bonita? “Sí. Todas las mujeres lo somos”, bromea.



Firme. “Estoy con una buena figura”, sostiene. No quiere hacerse ninguna cirugía