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Talento. Dice que le encantan el modelaje de catálogo y el de pasarela

Antoinette, una noble y magnífica alma viajera

Con 19 años, es nuevo rostro de Pablo Manzoni y conoce 40 países


02/07/2019

Antoinette Germain Calvo viene de una cuna de beldades. Su abuela, Luz María Rojas Urioste, fue Miss Bolivia 1969; su madre, Paulina Calvo, destacó en el modelaje; y su hermana, Dominique, también hizo carrera en este ámbito y resultó elegida Azafata EL DEBER 2014. Así fue que sus antecedentes y su belleza conspiraron para que ella brille con luz propia sobre la pasarela.

A sus 19 años, forma parte de las Magníficas de Pablo Manzoni y, además, es una viajera empedernida, sumando los sellos de más de 40 países en su pasaporte.

Humilde y segura



Su madre es boliviana y su padre francés y, aunque no ha pasado necesidades, afirma que sus progenitores les han enseñado que los sueños no solo hay que anhelarlos, sino construirlos y trabajar por ellos.

“Cuando tenía 12 años mi madre me puso a trabajar como ama de llaves en un hotel. No fue un castigo, sino una lección de humildad que me enseñó a valorar cualquier oficio. No tuve remuneración”, recuerda.

Salió bachiller el año pasado del colegio Americano y en septiembre empezará a formarse en Comunicación y Medios Digitales en el Instituto de Empresas (IE), en Segovia (España). Se instalará allá durante cuatro años, pero regresará cada vez que la requieran de las Magníficas.

“Amo todo lo que envuelve el área de la comunicación, lo supe desde que era niña. Pero una de mis mayores pasiones es la fotografía, que para mí es un mundo mágico”, expresa. Por el momento, solo usa su muro de Instagram para mostrar su buen ojo. “Me gusta mucho retratar paisajes y gastronomía”, complementa.



Una chica de mundo

No siente miedo al extender sus alas y tomar su propio rumbo. Prácticamente empezó a independizarse a los 15 años, cuando fue en busca de grandes lecciones de vida al trabajar como voluntaria en la Organización de Naciones Unidas en Timor-Leste (Indonesia), en un proyecto de concienciación sobre la violencia de género.

Dos años más tarde viajó por un intercambio de estudios al internado The American School in Switzerland, que la llevó a otro voluntariado en Etiopía, esta vez con niños.

“Fueron los años más maravillosos que he vivido. Adquirir nuevos conocimientos realizando acciones sociales no tiene precio, te deja grandes satisfacciones en el alma”, expresa.

Seguro vendrán muchos viajes y aventuras más, pero ella afirma que hay algo más fuerte que la trae a su tierra natal, donde quiere seguir creciendo y donde espera poder aportar con sus conocimientos. “El modelaje es solo una de las formas en la que puedo dar lo mejor de mí a mi país. Espero hacerlo pronto de una manera profesional”, finaliza.





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