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“El arte ha sido una forma de sanación y claridad en mi vida”

La mujer clave de la Red Uno ofreció, en exclusiva, una charla íntima a EL DEBER. Pasó por una crisis y hoy está enamorada


10/10/2018

¡Splash! Las cerdas se pringaron de ese rojo ardiente que descansaba en el bote y ahora ese lienzo blanquísimo ya no lo será más. Poco a poco el color toma vida y danza al son de aquel clásico de la ‘Negra’ Sosa. Una gota cae. Es muy pequeña. No importa, porque todo lo que Jessica Kuljis quiere dejar en el cuadro es su alma entera.

Pintaba desde sus 20 y jamás quiso mostrar su arte. Tenía vergüenza, producto de su baja autoestima. “Animate, lanzate”, le decían sus amigas al ver sus obras. Ella solo movía su cabeza negativamente. Tuvieron que pasar 18 primaveras para que al fin la oruga se convirtiera en mariposa. Fueron seis meses de entrega. En 2017. No salía de su cueva (es como llama a su taller) y allí le dio vida a Florecer, su primera gran exposición que llevó a la Casa Melchor Pinto y después a Miami y a Nueva York. Con ella pudo mostrar la Jessica que respira hoy.

Crisis, existencialismo...

Antes. Nueve años convivió con Rodrigo Crespo. El divorcio lo estamparon ambos hace tres. Jamás habló de eso. Y sí, es el episodio más espantoso de su vida. No es algo que se pueda digerir fácilmente. Podía huir a una isla, desplomarse sobre la arena y llorar desconsoladamente sin importar cuántas lunas pasaran, pero no lo hizo. Quiso explorarse a sí misma. Quiso plantearse todas esas preguntas que se desprenden del existencialismo. Y llegó a la conclusión de que una crisis, cualquiera que fuera esta, no debería ser sinónimo de inestabilidad, sino de oportunidad. ¿Para qué? Para reinventarse, crecer, cambiar, evolucionar.

“El día de mi exposición fue muy significativo. Yo sentía que me lo debía. Puedo interpretar el arte como un gran maestro de mi vida, porque a través de él he podido verme, encontrarme, conocerme, desafiarme, atreverme y mostrarme. El desafío era ese: conocerme y sanar. El arte ha sido una forma de sanación y claridad en mi vida”, expresa. Y complementa: “Ahora todos pueden ver mi alma plasmada en la pintura”.

Eso de no firmar las obras y de tenerlas encerradas bajo siete llaves quedó en el pasado, porque ya pudo liberarse. Con su exesposo tiene una muy buena relación basada en la crianza de Valentina (9) y Maximiliano (6). Ambos tienen “un acuerdo”. Uno no desautoriza al otro. Y los dos comparten su espacio con sus retoños.

Soledad, compañía...

Jéssica asegura que durante tres años no tuvo ninguna relación amorosa. Fue adrede, intencional. “Aprendí a vivir feliz conmigo misma y a no tener la necesidad de sentir a alguien a mi lado para tener felicidad”, añade.

Un día Gustavo Ávila, su viejo amigo, dejó Estados Unidos y retornó a Bolivia. Este sucrense, de 42 años, la llevó al encuentro con el amor de nuevo. Llevan apenas dos meses. Lo une a él esa pasión por el arte (es cantante) y esa garra con la vida (es abogado y empresario). La distancia no es un obstáculo y se ven todo el tiempo. “Una pareja no te complementa. Una pareja te acompaña”. Eso es parte de su credo.

¿Casarse? Ahí respira. Es de esas mujeres que no se toma nada a la ligera. Dice que en todo este proceso de aprendizaje entendió que nunca hay que decir “nunca” y “siempre”, porque nadie sabe lo que el futuro se trae entre manos. Quizá llegue a caminar hacia el altar y vuelva a tener dos hijos. Eso no puede saberlo ni ella ni nadie.

La tele, la posición social...

Tenía 26 cuando pisó por primera vez el canal televisivo que encaró su padre, Ivo Kuljis. Lo recuerda como si fuera ayer. Pasaron los días y sentía que no podía encajar en la empresa, así que se fue adonde su papá y le pidió que la colocara en un cargo donde ella pueda fluir y crecer poco a poco. Así llegó a ser directora de pantalla y después fue escalando.

Durante todo este tiempo estuvo involucrada en la parte creativa de la Red Uno y cree que las cosas han funcionado y dieron buenos frutos. Muchos de sus colegas que compartieron con ella esa primera vez siguen a su lado. Y “no se le subieron los humos”. Niega haber llegado alguna vez golpeando la mesa y diciendo que ella era la jefa. Lo dice humildemente. “Eso se lo puede preguntar a cualquiera”, desafía. Y se arregla la cabellera.

Reconoce que fue criada en una cuna acomodada de la sociedad y que por momentos fue difícil crecer entre personas que le decían: “Tiene esto, porque es la hija de Ivo Kuljis” o “consigue esto, porque es la hija de...”. Supo convivir con ello. Y no, el dinero no lo es todo.  Se preparó para comandar una televisora. Tiene conocimientos de marketing, dirección de arte y hasta de actuación. Estudió en Bolivia y en EEUU. Y con sus armas comenzó a construir su castillo y con los golpes de la vida supo reinventarse.

Eso no se compra con un fajo de billetes verdes. “Podés tener una cuenta gigante en el banco, pero ella no te da un pasaje a la felicidad”, subraya. Ahora es directora ejecutiva de la Red Uno. Y fue la impulsora del eslogan “La alegría es naranja”. Cree que la edad es solo un nú - mero, nada más. Se encontró con la pintura a sus 38, porque este era el momento adecuado. No antes. El 23 de octubre tendrá 39 y en 2019, cuando llegue a la cifra entera, se irá de viaje con sus amigas. Quiere adularse, porque se lo merece, pero no quiere revelar el lugar adonde viajará. En su momento le tocó enfrentar sus mayores temores y después de muchas batallas, venció. Ese rojo intenso ya se secó. Y su olor se dispersó en todo el salón. En él hay una parte de sus emociones. Pronto volverá a agarrar el pincel para ser simplemente ella: Jessica Kuljis.