Pronóstico de Tutiempo.net

Gabriela Zegarra posó para el lente de Sergio Chuquimia, con vestuario de Casa Roxana

Gabriela Zegarra: “Yo puedo ser lo que me proponga, porque el tiempo en la TV no es eterno”

Ingresó a sus 16, sin querer, a la tele. Sufrió la separación de sus papás. Aprendió a ser independiente. Se declara evangélica, explosiva y sensual. Con Carlos, su amado, construye el castillo de Los Marquina


20/01/2019

El gran día se acercaba. Pero no estaba entusiasmada. En su casa había caído un rayo y perforado el piso. La separación entre sus papás era inminente. Y su fiesta de 15 se esfumó para siempre. Sí. Dolió. No tuvo un vestido de princesa para bailar el vals. No tuvo a sus amigas para la selfi. Pero supo volcar la página. Hoy, a sus 24, cree que fue lo mejor para todos. El quiebre de ese episodio fue el comienzo de la madurez.

Gabriela Zegarra siempre fue así. La vida le dio zurdazos y cayó muchas veces en la lona. Pero encontró la forma de levantarse y volver a intentarlo. Eso le ayudó a mirar las cosas de otra manera. Aprendió que nada viene del cielo. Y todavía cree que debe seguir esforzándose para ser feliz en su presente y futuro. Aunque ya lo es.

Se ‘resbaló’ en la TV

No creció en una cuna de oro. Viene de más abajo, de la “tierra” -como dice ella-, y eso es algo que no esconde. Tras la ruptura de sus padres se fue a vivir con su hermana. Eso también a sus 15. Durante un año la vida le mostró de qué estaba hecha realmente. Su mamá le ayudó a buscar trabajo y obtuvo el número del fotógrafo Víctor Hugo Ribera. Este la comenzó a envolver poco a poco en el mundo del modelaje y terminó convenciéndola para que ingresara a la agencia Imperial. Después llegaría el remolino.

Un día se fue a un casting. Y creyó que era para una publicidad. No se vistió muy bien. Respondió como pudo a las preguntas y se retiró. A las dos semanas le dijeron que la habían aceptado para conducir Uno Teens. ¡Vaya que fue una sorpresa! No reculó. Y se animó. Así ingresó a la Red Uno. Al tiempo la instalaron en Top Uno. Y por último, en Bigote. De todo eso ya hace ocho años. Sí. Fue un mundo nuevo para explorar que, al comienzo, no supo cómo digerirlo, pero encontró la punta del ovillo que la llevaría al éxito en la pantalla chica.

En sus pininos intentó ser otra. Quiso fingir. Pero su personalidad fue ganando terreno, ya que su hiperactividad tenía respiración propia. Y ella lo sabía.

Dios, un aliado

“Explosiva, directa, decidida...”. Muchas cosas pueden definirla. Es una multifacética “total”. Y eso de “sensual” también. No se viste sexi porque alguien se lo pida, sino porque le gusta verse así. Es su sello propio. En la televisión encontró una veta para ir forjando su nombre y en ocho años ha logrado hacerlo. Sí. Le costó.

Eso de no crecer en una cuna de oro puede ser la razón de su esfuerzo constante. Si bien la tele no era algo que ella deseaba con fuerzas, de pronto se convirtió en su vida. Y también en la ‘caja boba’encontró a su amado. Es por eso que siempre fue agradecida con Dios. Se identifica con el cristianismo evangélico. Y todas las mañanas, antes de dejar las sábanas, habla con el Señor. Y -dice- nunca le ha fallado.

El amor (cuándo no)

Conoció a Carlos Marquina y a la distancia el paceño logró conquistarla. Sí. Para los que preguntan, en las redes sociales, si la personalidad de ‘papá Bigotón’ tuvo mucho que ver, pues sí, así fue. Él le enviaba fotos horribles, como cuando recién se levantaba de la cama y eso le parecía extraño. “¿Así quería conquistarme?”. Se preguntaba la mujer. Y la flechó.

No saben cuándo comenzaron su idilio. Un día Gabriela le contó que tenía una actividad en el colegio. Y él la llevó contra la pared con una pregunta: “¿A quién le pediste permiso?”. “A nadie. Si no somos nada”, respondió. Y otra vez vino la interrogante: “¿Quién te dijo que no somos nada?”. Ese fue el comienzo. Le pusieron una fecha: 14 de octubre de 2012.

Y otro 14, pero de febrero, ambos ‘ascenderán’ al altar. “Nos comimos antes la torta”, bromea la ‘bigotona’. Ella quería casarse a los 70 años como su abuela, pero no pudo hacerlo. Simplemente el amor llamó a su puerta y tuvo dos bebés fuera del matrimonio. Eso, dentro de los dogmas de la Iglesia, es considerado pecado. Pero Gabriela cree que Dios actúa cuando debe actuar y sus dos niñas, ‘Nicky’ (5) y ‘Conny ’ (1), no son un error, sino la gran bendición. “No quería casarme embarazada, porque la gente iba a hablar”, agrega.

¿Famosa? ¿Yo?

No se considera ni famosa ni popular. Solo es una chica de la TV. Quizá sus miles de seguidores en las redes sociales piensan lo contrario. Todos enloquecen cuando la ven en la calle y le piden una selfi en sus celulares.

Muchos se atreven a enviarle un mensaje a su Facebook. La mayoría que le escribe son mujeres. Y hay jóvenes y señoras pidiéndole un consejo. No faltan los comentarios tóxicos. Ella lee todo, pero cuando alguien la ofende lo enfrenta públicamente. Al final logra la concertación con su fan.

Ella -otra vez- es así. Puede defenderse sola. Y cuando alguien quiere ofender a su amado, ¡cuidado! porque... “el que se mete con él, se mete con ella”.

Sabe que todo es fugaz. “Yo puedo ser lo que me proponga, porque el tiempo en la TV no es eterno”. Decidió ser maquilladora y lo logró. Decidió ser buena madre y también lo hace. Cree que la educación es la base de todo. Y que la formación del carácter de sus hijos se da en la niñez y no en la adolescencia. Está feliz. Él y ella están construyendo un castillo con muros fortificados, el castillo de Los Marquina.



En esta nota