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Grace, la modelo africana que enamora las pasarelas bolivianas

Belleza de ébano. Nació en Lilongüe (Malaui), pero vive en Cochabamba desde hace 13 años. Ama Bolivia porque le dio una nueva vida y muchas oportunidades


05/09/2019

Grace Mwafulirwa nació en Lilongüe (Malaui, África) y su historia de vida es muy conmovedora. Hace 13 años llegó a Bolivia buscando mejores días y en Cochabamba encontró un hogar, gracias a un amigo de su familia que la adoptó como su hija, junto a sus cuatro hermanas.

Nunca había imaginado que se subiría a una pasarela, menos que la gente la aplaudiría ni que las cámaras y flashes seguirían sus pasos. Pero en Bolivia fue posible, su belleza exótica no pasó desapercibida y pronto le ofrecieron trabajo como modelo de pasarela y de catálogos y como azafata de varias marcas.

Hoy tiene 22 años y está dedicada a sus dos pasiones, los desfiles y los números, porque estudia Ingeniería Económica Financiera.



La niña

Tenía cinco años cuando sus padres, ambos originarios de Lilongüe, tomaron la difícil decisión de designar como tutor de sus hijos al boliviano Freddy Mendivil, debido a la gravísima crisis económica de su país. El ingeniero civil orureño había llegado a África por trabajo y se convirtió en un gran amigo de la familia, que viendo sus necesidades les propuso una nueva vida, con oportunidades, pero a miles de kilómetros de distancia.

“Mis padres y nosotras le tenemos un gran cariño y agradecimiento. Nos dio la posibilidad de tener un mejor futuro”, expresa Grace.

Así, ella y sus hermanas Vanessa (31), Vainess (28), Caroline (27) y Ongani (26) se subieron por primera vez en su vida a un avión y llegaron a Panamá, donde se establecieron durante cuatro años.



Luego, su apoderado, que hoy tiene 82 años, se jubiló y decidió que era momento de volver a su tierra con su nueva familia.

Grace tenía nueve años cuando llegó y se enamoró de inmediato de los cerros de Cochabamba.

Ya se siente “una cochabambina más”. No tuvo problemas con el idioma (habla español y chichewa) y recuerda que en el colegio su cultura y su color de piel fueron acogidos con amor. “Le saqué ventaja, ser diferente me ayudó a destacar y no fue difícil hacer amigos”, señala.

Salió bachiller del colegio Tiquipaya y como era buena alumna, en especial para los números, se inclinó por estudiar Ingeniería Económica Financiera, carrera que terminará el próximo año.

La modelo



Mide 1,63 metros y tiene una abundante cabellera rizada hasta la cintura, que trenza con mucha dedicación. Le gusta su imagen natural y no es muy amiga del maquillaje porque daña la piel.

Sin embargo, reconoce que siempre fue coqueta y que sus selfies en Facebook e Instagram le consiguieron su primer trabajo en el modelaje, a los 19 años.

Lleva tres años activa en la industria del modelaje, donde se mueve de manera independiente. En este tiempo participó en varios desfiles del diseñador cochabambino Eduardo Gumucio, ha sido imagen de algunas tiendas y este año quedó como segunda finalista del Miss Feicobol.

También recibió invitaciones para participar en concursos de belleza, pero tiene claro que lo suyo son las pasarelas, especialmente las de alta costura.

La mujer

Cuando termine la universidad sueña con trabajar en alguna entidad financiera de prestigio, pero también seguir creciendo en el modelaje.

Nunca perdió el contacto con sus padres, que permanecen en Lilongüe. Cada semana, las hermanas hacen una videollamada juntas para verlos y contarles sobre sus vidas. “Ellos están orgullosos de nosotras, y de las personas que somos”, relata, sin poder evitar emocionarse, y expresa que le gustaría traer a sus progenitores a Bolivia. Quiere abrazarlos y contarles en persona todo lo bueno que le pasó en estos 13 años.

También sueña con visitar su país, del que tiene vagos recuerdos, y reencontrarse con su gente y con su cultura.

“No cambiaría por nada Bolivia aquí tengo la vida que siempre soñé”, finaliza.