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Foto: Marco Guzmán/Arreglo personal: Alejandro Gamboa

La irrupción de una modelo de pollera que quiebra todos los moldes

Oriunda de Shinahota. Estudiante de Comunicación Social y radialista. A sus 25 años, se convirtió en la primera azafata de pollera, tras participar en la Feicobol. Ella es Silvia Aro


19/05/2019

Refriega su ropa. Una y otra vez. Desde la lavandería salen disparadas las burbujas, producto del detergente. Suena el celular. Después de varios intentos Silvia Aro Pérez atiende y lo primero que dice es: “Me voy a poner los auriculares para escucharte mejor”. Quiere adelantar todo el quehacer posible, porque al día siguiente tiene un rodaje de la materia de Cine y debe conseguir varios actores. Eso le urge.

A la joven, de 1,50 m, no la cambió en nada la fama que consiguió con su participación en la Feicobol 2019. Después de que su foto se viralizara en las redes sociales, como la primera azafata de pollera en la muestra, no hubo un terremoto (eso para ella).

Responde con sencillez, pues para Silvia la vida continúa y le costó mucho llegar hasta donde está. Le gusta el modelaje. Siempre y cuando respeten sus raíces lo seguirá haciendo, sin dejar de lado tres cosas: sus estudios de Comunicación Social, su trabajo como animadora de ferias y sus proyectos en la radio.



La niña de Shinahota

Era 1994. En el seno del hogar del potosino Pánfilo Aro y de la cochabambina Lidia Pérez, nacía Silvia. Cuando ella tenía cuatro años su madre se fue a la ciudad y su padre, a España, en busca de mejor calidad de vida. Así que quedó al cuidado de su abuela, Abelina Mamani.

A corta edad le tocó hacerse responsable de ella y de su abuela, eso forjó su carácter y la hizo una mujer muy fuerte. “Ella (Abelina) no hablaba español, solo quechua, así que tuve que aprender el idioma por (el bien de) las dos”, subraya Silvia.

Estudiaba en el colegio Marcelo Quiroga Santa Cruz de Shinahota y en el nivel inicial ya demostraba ser brillante, y llegaron a premiar su esfuerzo ascendiéndola de curso. Gracias a su espíritu curioso aprendió antes lo que otros niños -a su edad- recién estaban empezando a explorar. Hacía puntitos, rayas y practicaba en su cuaderno que sufrió quemaduras, porque escribía frente a las velas. Eso todas las noches. Esa pequeña cera hacía de su lámpara de estudios. “Mi profesor me decía: ‘Vos no sos para inicial, vos necesitas irte a primero básico’”, dice orgullosa.



Desde pequeña aprendió los quehaceres de la casa y también a cocinar, pero curiosamente es vegana. “No como carne. Me gusta preparar vainas fritas, chicharrón de soya y verdura”, revela.

No recuerda muy bien por qué cambió su alimentación. Alguna vez su mamá se enfermó y los doctores le prohibieron la carne, y desde ahí adquirió el hábito. Creció y cambiaron sus gustos. A sus ocho años, cuando no estaba en el colegio, practicaba fútbol y los fines de semana fumigaba el chaco, que les heredó su abuelo -que no conoció- donde, junto con su abuela, plantaba coca.

Cuando tenía 12 años, ella y su abuela se compraron una casa y se mudaron al pueblito de Santa Rosa Eñe. Se acomodaron ‘mejor’ y el colegio quedaba a dos cuadras. A la par de sus estudios también creció su popularidad, fruto de su carácter sociable y buena estudiante, algo muy respetado en su municipio cochabambino. También se destacaba como una excelente oradora y líder, además que la invitaban a concursos de belleza locales.

En 2002 obtuvo su primera corona como reina del Carnaval de Río Blanco y hasta ahora suma ya 24 reinados que, por la cantidad, no recuerda al detalle. “Solo tengo fotos de cada momento”, expresa. Y sigue refregando.

La niña hecha líder



Su talento no acaba ahí. En la secundaria declamaba poesía en concursos. Llegó a ser presidenta y líder de los colegios a escala de Shinahota. También participaba en los Taquipayanacus (un conjunto de versos o coplas que se elaboran en el momento).

Su destreza con los micrófonos y su facilidad de socializar es innata. Desde sexto de primaria dirigía los actos cívicos del colegio. Aunque cree que también se hizo conocer porque no tenía a su papá o mamá con ella y a veces asistía sola a las reuniones escolares. “Como mi abuela era mayor no la podía molestar tanto”, cuenta.

Terminó la secundaria y salió bachiller con un promedio alto. “El día de mi promoción todos querían sentarse en mi mesa, porque para la población era muy reconocida”, recuerda.

A los 19 años cambió un poco su vida. Tuvo que dejar a su abuela y mudarse a Cochabamba. Ingresó becada a la Universidad Mayor de San Simón (UMSS). Escogió Comunicación Social, porque consideraba que tenía todas las actitudes para ella. Ahora cursa el octavo semestre.

Todos los días se levanta a las 3:00 y se pone a leer. Después se baña y se alista para agarrar el primer trufi de dos que la llevan a la universidad. No le gusta maquillarse, tampoco usa una marca de perfumes en específico, solo invierte en cremas humectantes para el rostro, por el frío.

Solo tiene dos materias inscritas y eso le permite hacer otros trabajos, como amenizar ferias o ser modelo. Recientemente estuvo en la Feicobol y allí llamó la atención de las redes sociales.

La niña modelo

Cuando la contactaron para trabajar en el estand del tren metropolitano pensó que sería solo para socializar con la gente. Después le dijeron que usaría un uniforme, porque sería una más de las modelos contratadas.

“¿Modelo?, ¿voy a usar vestido?”, bromeaba, porque no la creía. Fue en una reunión previa a la feria que todo se volvió serio y le dijeron: “Tú no eres diferente a las modelos y tendrás tus funciones en el estand”. Ella asintió.

El primer día que llegó a la Feicobol se llevó una gran sorpresa, porque tenía el mismo color de uniforme que las otras dos azafatas. Y trabajarían a la par.

Llamaba la atención de todos. Solo bastó que la página de Facebook de la feria la fotografíe para que su imagen recorriera Cochabamba y todo el país, haciéndose viral en redes sociales por ser la primera modelo de pollera.

Así fue que durante varios días el estand estuvo repleto de visitantes que llegaban desde Oruro, La Paz y de otros municipios de la Llajta. “Mucha gente se acercaba a felicitarme. Me decían: ‘La única eres’, ‘por vos hemos venido’, ‘tú eres la cholita de Facebook’, ‘tú eres Silvia Aro’,” cuenta.

Se sintió tranquila en la feria y lo más bonito fue que la gente se acercaba y le hablaba en quechua. “No sé por qué en el inconsciente de las personas está que una mujer de pollera siempre hable quechua”, enfatiza. Y une: “Pero lo bueno es que la gente tenía más facilidad y confianza de preguntarme las cosas, sobre todo las mujeres de pollera”.

¿Cuánto ganó? Solo se atrevió a confesar que le pagaron “muy bien”. “Me daban un chofer para llevarme a mi casa y no gastaba en pasaje, además me dieron un buen trato”, asegura.

La niña de la repercusión

Al ver el alcance que tuvo la participación de una modelo de pollera en un estand, Silvia cuenta que, en el último día de feria, otras empresas se animaron a hacer lo mismo. “Mis amigas me decían: ‘Hay varias cholitas en la feria, pero son falsas (porque no estaban bien vestidas). Tú eres la verdadera’”, recuerda.

Ella vio las repercusiones en las redes sociales con cientos de mensajes y solicitudes de amistad que recibió en Facebook e Instagram. Y ¡hasta ahora no termina de responder! Pero, así como la felicitaron, también la criticaron. En ese mundillo se vieron comentarios como: “No creo que sea una cholita original, debe ser la mujer de Evo, de seguro es masista”.

Ella es consciente de que, mientras más esté expuesta, “habrá mucha gente maliciosa que la criticará, porque tal vez no tienen una vida, como ellos quisieran tener”.

“Nosotras somos muy tímidas. Les aconsejo a mis amigas que, no por ser de pollera, somos diferentes o nos tenemos que dejar insultar”. Así ella lo entiende.

Lleva trenzas ‘originales’ y su cabellera se va extendiendo hasta más abajo de la cintura. Usa aretes y sandalias bajitas todos los días, excepto cuando hace frío. Tiene más de 24 polleras en su clóset y llega a invertir hasta Bs 1.500 solo en su atuendo.

Después de esta experiencia como modelo no dudará en aceptar otro trabajo, incluso subir a una pasarela. Aprovechó esta charla con el Diario Mayor para mandar un mensaje a las mujeres de pollera: “ Tienen que estar orgullosas de ser ellas mismas y de su identidad, sino nadie más lo estará. A veces vivimos de la boca de la gente y pensamos: ‘qué me va decir’, ‘qué me estará diciendo’”.

La niña de las redes

En Facebook y en Instagram figura como Silvia Aro Pérez. En esta última red social debutó en 2018. Realizó transmisiones en vivo que alcanzan 21.000 reproducciones con comentarios y amistades de Perú, Brasil, España y de varios departamentos de toda Bolivia. Y... ¿el amor? Está arreglada con Yeison, un fotógrafo que la apoya en “todas sus locuras”.

La niña que piensa en grande

“Soy una persona que si me dicen que cocine pollo al horno, respondo: ‘sí’, pero después averiguo cómo se prepara (ese platillo). La idea es no perder las oportunidades. Así llegué a la radio”, apunta.

La primera vez le preguntaron: “¿sabes (hacer) radio?, (porque) vas a conducir un programa musical”. Y así, desconociendo el arte del medio, aceptó el reto y nunca más se separó de las cabinas. Eso hace dos años. Por el momento solo es colaboradora, porque está consciente que ‘trabajar, significa invertir todo su tiempo’.

Cuando concluya la universidad hará una especialidad en radio y, quizá, arme una estación. “Siempre le dije a mi mamá que no me gusta tener jefe. Puedo, pero no me gusta estar bajo la orden de alguien. Si tengo que armar una radioemisora, trabajaré duro para hacerlo”, señala.

Si no está leyendo un libro, juega fútbol con sus hermanos y su mamá. Los fines de semana se dedica netamente a animar ferias u otros eventos. Esa mujer, que apareció flanqueada por dos rubias altas en las redes sociales, es la que pudo romper los mitos en Bolivia. Y lo hizo con su mejor arma: su pollera azul.

2. Títulos. Participó en varios reinados de belleza. En 2011 obtuvo la banda de Mariposas del Trópico
3. Deportista. Desde pequeña hasta ahora practica fútbol. En época del colegio salió campeona con su equipo
4. La mejor. Siempre se destacó en los estudios y se ubicó en el cuadro de honor. En la foto junto con su mamá


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