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Las ‘niñas bonitas’ del DAB que hicieron eco en Vogue

Destacadas. Conocé al cuarteto de modelos bolivianas que llamaron la atención de la prensa internacional


20/04/2019

Adriana Terán desfilaba por tercer año consecutivo en la pasarela del evento Diseño & Autores Bolivianos; mientras que Adriana Miranda, Rebeca Munguia y Flor Ramírez debutaban en la cita de moda nacional. Ellas, como todas unas profesionales, fueron los maniquíes de 23 diseñadores de La Paz, Cochabamba, Santa Cruz y Berlín (Alemania), aquella noche del 6 de abril, sin imaginar que la prensa internacional (Vogue México y Latinoamérica) las tenía en la mira y le contaría al mundo sobre ellas. Hace unos días, el cuarteto fue gratamente sorprendido al ver sus rostros en la cuenta oficial de Instagram de la prestigiosa revista, en el sector #LatinasEnVogue, donde mostraron sus fotografías y sus perfiles y contaron sobre sus raíces y su trabajo en Bolivia. Hoy te presentamos a las cuatro modelos y sus inspiradoras historias.

La mayoría está ligada al arte y tienen planes de probar a corto o largo plazo las mieles de las pasarelas internacionales.

Entre la sicología y el modelaje



Rasgos dulces, con toques asiáticos, y sorprendente seguridad en la pasarela. Ella es Adriana Terán Montaño (24), cruceña. Su primer guiño con el modelaje fue a los 12 años, cuando tomó un curso con el maestro Ronaldo Wellington, pero no pasó a mayores. Tuvo que transcurrir mucho tiempo, cuando una estudiante de Diseño de Modas la invitó a modelar sus creaciones y así despertó ese talento dormido.

Desde ese día no paró. Participa del DAB desde 2017, y en el Yo Moda y el Amazonía Moda, desde 2018. Estudia Sicología en la UPSA y cuando termine la carrera ahorrará lo suficiente para viajar a Europa. “Quién sabe, quizás allá está mi futuro, pero no me quejo de lo que he logrado hasta hoy”, señala. Hasta entonces seguiremos viéndola en las pasarelas bolivianas.

Aceptarse, su propósito

Su pelo corto, actitud rebelde y belleza inusual la hacen muy especial para la industria. Rebeca Munguia Shriqui es cruceña, tiene 23 años, estudia Marketing y Publicidad en la Unifranz y lleva un año y medio en el modelaje. Cuenta que se crio solo con su madre y que por el trabajo de ella tuvo que cambiarse varias veces de colegio e incluso de país. “Recuerdo que mi madre me decía que algún día agradecería todos los sacrificios”, expresa y reconoce que esto se cumplió, pues aprendió a relacionarse con facilidad y a salir adelante “por su cuenta”. La depresión fue una sombra que la acompañó gran parte de su vida, a causa del maltrato sicológico que sufrió por parte de un familiar. “Me hizo mucho daño, me causó inseguridades con mi cuerpo”, revela. La terapia sicológica y sus amigos la curaron, y en medio de su tratamiento hizo una promesa: “Dije que cuando me ame a mí misma me iba a rapar la cabeza, como un ritual para liberarme y aceptarme. Y este año cumplí con mi palabra”. El modelaje la ayudó a completar este proceso de sanación, porque una sola aparición en el DAB fue suficiente para que miles de personas hablen de ella. Los diseñadores Éricka Weise, La Espina, Ice Tees y Juan de La Paz, apostaron por ella. Pero aparte de la moda, también le apasiona el arte. Pinta cuadros al óleo y hace esculturas desde niña, su sueño es montar una exposición en Bolivia y estudiar en Australia.



Contra la discriminación

Vogue destaca sus rasgos, mezclas de las etnias guaraní, afroboliviana, quechua y aymara. Adriana Miranda Montealegre tiene 23 años y es cochabambina. Este año se mudó a Santa Cruz de la Sierra en busca de nuevas oportunidades y está sorprendida con el recibimiento que tuvo, pues se convirtió en la imagen de la última colección de Juan de La Paz. Su vida está ligada a los deportes, practica artes marciales, y estudió Diseño Gráfico y recientemente se anotó al Diseño de Modas.

Fue en su tierra, hace cuatro años, cuando empezó en el modelaje, en campañas para el dise - ñador Gonzalo Plaza y posando para portadas de revistas junto a creativos destacados, como Carla Quiroga. Se siente muy ogullosa de sus raíces, que vienen desde la zona de los guaraníes de Camiri y pa - san por la región de los mineros del norte potosino. “Fue una sorpresa aparecer en Vogue y poder mostrar a mi país, mostrarme como una nativa boliviana, nuestra belleza, nuestros rasgos y nuestras dife - rencias”, afirma. Y es que considera que en Bolivia existe mucha discriminación y racismo hacia los indígenas. Ella misma sufrió discriminación cuando ingresó al mundo de la moda. “Alguna vez me pidie - ron que cambie mi imagen, mi cabello y la forma en la que me presentaba para que no me vea ‘tan autóctona’, pero yo les dije: ‘esto es lo que soy’”. Desde entonces, en respuesta, se comenzó a identificar como nativa boliviana con más segu - ridad y alienta a los demás a que se sientan orgullosos de lo que son y de dónde vienen.

Una caja de Pandora

Altísima, delgada y con una ri - quísima combinación cultural reflejada en sus rasgos. Flor Ramírez Hyon (17), la me - nor del grupo, es cruceña y está en la promoción del colegio Alemán. Heredó sus rasgos asiáticos de su madre, que es argentino-coreana, y su padre completó la mezcla con sus orígenes cocha - bambinos.



Hace un par de años vivió en Berlín (Alemania), por un programa de intercambio y quedó fascinada con todo el orden y el desarrollo, al grado que proyecta su vida allá. Recuerda que la diseñadora Éricka Suárez Weise fue quien la descubrió y también quien la invitó a desfilar este año en el DAB. Gracias a este primer encuentro trabaja con las firmas bolivianas Made in Chola, Weise, Ice Tees y Juan de la Paz, entre otras. Confiesa que cuando no está trabajando o estudiando, toma la guitarra y se pone a componer canciones y a interpretarlas. Planea estudiar Arte en Berlín, pero por nada del mundo renunciará al modelaje.

Dirección de arte: Juan Carlos Pereira Producción: Andrés Jordán Vestuario: Juan de La Paz

 

1. Dulce. Adriana Terán Montaño, de 1,75 metros, es 100% cruceña, pero tiene rasgos asiáticos  (Izq..)

2. Original. Rebeca Munguia Shriqui arrasó por su actitud altiva y su look rebelde.

 

 

 

 

Nativa boliviana. Vogue se fijó en los rasgos exquisitos de Adriana Miranda Montealegre, de 1,68 metros de estatura  (Izquierda)

Simpática. Flor Ramírez Hyon es la menor del grupo, pero la más alta, con 1,76 metros (Derecha)