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“No extraño las pasarelas, ahora camino por las sendas del Señor”

Convertido. Fabio Soria Galvarro fue un modelo exitoso. Por su fe dejó las pasarelas. Es futbolista, universitario y dice que nunca estuvo tan bien


12/07/2018

Por su mirada y su sonrisa, pero, sobre todo, por lo que dice, se puede percibir que se trata de una persona muy feliz. Y es que Fabio Soria Galvarro, que fue una de las figuras más importantes del modelaje masculino en Santa Cruz y Rostro más Bello de EL DEBER en 2012, cambió por completo su vida mundana.

Cuenta que hace dos años escuchó el llamado del Señor, que le mostró otro camino, espiritual, sano y, sobre todo, feliz.

Fabio, que tiene 23 años, fue a un culto de la iglesia Tiempo de Cambio, invitado por un amigo. Allí experimentó la mayor transformación de su existencia. Pero, ¿cómo fue esa experiencia?, ¿cómo pudo Fabio renunciar a la fama y a la vida social? “Mi vida cambió cuando me hice cristiano, ahora soy muy feliz”.

Dice que conocer a Dios fue lo fundamental, dejó lo que contamina el alma y que la fama es pasajera y el amor del Señor es eterno. “Antes yo no era una persona mala, era amiguero y sociable. Pero también era impulsivo, peleón, mujeriego, bebía y me desvelaba.

Todo ello cambió, ahora todo gira en torno a Dios, a su palabra y a la paz interna”, expresó. Sobre el modelaje cree que no es malo, pero que a él lo contaminaba y lo llevaba por mal camino, que le traía muchas tentaciones, de las que él prefirió alejarse, a pesar de que ganaba “buena plata”. Lo que sí mantiene, y ahora le dedica más tiempo, es el deporte.

Es arquero en el club Real Santa Cruz, en el torneo de la primera A del fútbol local. También retomó sus estudios. Está cursando el cuarto semestre de Ingeniería Comercial en la Utepsa. Su vida social Las fiestas, las amanecidas y el Carnaval se acabaron en la vida de Fabio Soria Galvarro.

Dice que esas actividades no solo dañan el cuerpo, sino principalmente el alma. Y no es que por ser cristiano la vida sea aburrida. Todo lo contrario, es de alegría y verdadera felicidad, dice Fabio.

“Tengo un grupo de amigos con los que nos reunimos en mi casa, cantamos, comemos rico, charlamos y la pasamos muy bien”, cuenta. Sobre su apariencia física, manifestó que cuida su cuerpo, le importa estar muy presentable, pero, ante todo, cómodo. Reitera que su relación con Dios es día a día. Que le gustaría que otros jóvenes experimenten lo que él vive, que es la felicidad plena, verdadera y para siempre. No extraña las pasarelas, pues ahora camina por las sendas del Señor, manifestó.