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Exclusiva. Romina Prado, esposa de Pablo Hurtado, reveló detalles de su relación y de cómo es vivir con el músico del dúo Camila.

Romina y una historia de amor digna de un cuento

La hija de la diseñadora Rosita Hurtado y esposa de Pablo Hurtado, del dúo mexicano Camila, visitó Bolivia y habló de su familia por primera vez con EL DEBER. Se dedica a su hija. En 2020 planea tener otro bebé


14/04/2019

YANINE PEÑA. TEXTO  -  REYNALDO SOLIZ. FOTOS / ESCENARIO: CASA MELCHOR PINTO Y CAFÉ PATRIMONIO

Sonríe. Y su rostro refleja tranquilidad. Vive un gran momento y lo está disfrutando. Ella es Romina Prado Hurtado, hija de la afamada diseñadora Rosita Hurtado, esposa del guitarrista del dúo Camila Pablo Hurtado y mamá de Arianita. Por primera vez, la exmagnífica abrió las puertas de su intimidad a EL DEBER y contó detalles de su vida familiar.

Príncipe azul



La joven, de 31 años, fue a Miami para radicar con su madre hace 11 años. Ahí trabajó como azafata y estudió Administración de Empresas. Tenía una vida muy movida, viajaba constantemente y eso le encantaba. Gracias a esa ocupación, se encontró en diferentes lugares con el músico mexicano que, mucho tiempo después, se convertiría en el amor de su vida.

2007. Camila llegó a Bolivia por primera vez. Los trajo el padre de Romina, Gary Prado. Esa vez conoció al guitarrista y compositor del grupo, pero nada sucedió. No fue sino hasta 2010 cuando, gracias a los viajes de Romina, ambos coincidieron en otros destinos. En uno de esos encuentros se dieron cuenta de que se gustaban. Un año después, el artista se animó. “Me preguntó directamente si quería ser su novia. Yo me reí porque decir noviazgo aquí ya es con anillo”, recuerda.

El joven, de ahora 37 años, y Romina vinieron juntos a Santa Cruz por primera vez en mayo de 2011. Causaron revuelo y la prensa boliviana los ‘siguió’ a todas partes. Probaron comida típica y pasearon por la ciudad.

Anduvieron como cortejos por cuatro años hasta que... Pablo volvió a Bolivia para pedir la mano de Romina a su padre. Fue en una cena romántica donde sucedió todo. Allí, en el restaurante Piegari. Un anillo, un ramo de flores y una tierna propuesta la ‘derritieron’. En ese momento Gary Prado les dio su bendición. Se casaron en San Miguel de Allende (México) en una ceremonia íntima, en abril de 2016.



“Pablo me conquistó con su sencillez. No es ostentoso ni se cree el ‘gran’ famoso. A veces me dice que nunca creyó que yo estaría con él y yo pienso lo mismo, pero al revés”, comenta y ríe. Él no la conquistó con Bésame y Coleccionista de canciones al oído ni con otras grandes composiciones de amor, aunque recuerda que él le escribió un tema cuando tuvieron un pequeño distanciamiento.

Ambos son detallistas. Se mensajean todo el tiempo cuando Pablo está de avión en avión. Romina asegura que confía plenamente en su esposo y que no siente celos. “Es un hombre muy ‘aterrizado’, tímido y serio. Sus seguidoras son respetuosas y me escriben para preguntarme qué le pueden obsequiar y yo las ayudo a elegir”, revela.

Para pasar más tiempo en familia, el músico instaló su estudio de grabación en su casa, ubicada en Encino, una zona acomodada de Los Ángeles (EEUU). Cuando el grupo está en una etapa creativa, ‘Romi’ y Pablo comen juntos y salen a pasear. “Lo acompaño en sus giras o le doy alcance en su destino. Voy a sus conciertos y aprovechamos para conocer diferentes lugares”, relata.

También cuenta que cuando están en su ciudad aprovechan para compartir con sus amigos, que son artistas, como Marco Antonio Solís y Gian Marco.

Maternidad, un sueño



Siempre quiso ser mamá y anhelaba concebir a una niña. Pasó un año desde que se casó hasta que finalmente se animó a ‘buscar’ el primer retoño. “Fue rápido. Ni bien nos pusimos de acuerdo, llegó Arianita a nuestro mundo. Ahora que ya la tengo, creo que tendremos un hijo más. Queremos ‘embarazarnos’ al año, cuando la bebé esté un poco más grande”, explica.

La gestación, el baby shower y el nacimiento de Ariana fueron acontecimientos en los que los dos conservaron un perfil bajo. “Somos muy simples y no buscamos impresionar a nadie. Me gusta tener conmigo a la gente que nos quiere”, completa.

“Soy como cualquier mamá, me dedico a mi familia y hasta llevo a mi hija a clases de música”, enlaza. La pequeña asiste a un centro donde juegan con instrumentos para ‘despertar’ su oído musical. Romina no oculta su emoción con la posibilidad de que su niña pueda ser una artista, pero... “al final ella decidirá”.

“No dejo que mi hija llore, intento darle una crianza con respeto y cercanía. Su papá es más miedoso y cuidadoso con ella. A veces dejo que esté en el piso, para que tenga defensas, pero él es más inseguro en eso”, comparte.

El futuro

Vive la vida que quiere, pero que nunca soñó. Nunca se imaginó tocar la fama, al menos no de esta manera. Tiene los pies sobre la tierra y disfruta lo que le toca.

Está convencida de que no volverá a radicar en Bolivia, porque ya hizo su vida en el país de Donald Trump. Ahí también tiene a su madre, con la que asiste a actividades sociales, siempre rodeadas de personajes muy famosos.

Por ahora se dedica a la maternidad, pero no se descuida de sí misma. Conserva una figura delgada, no aparenta haber sido madre hace menos de un año. No va al gimnasio, pero camina mucho. Normalmente se cuida con las comidas, pero no se priva de nada y mucho menos si le toca probar algo en un viaje.

Recientemente se inscribió a cursos de Sicología infantil en línea, que le ayuda a entender las etapas de su bebé. También da tips sobre los lugares que visita y consejos para quienes se animan a las travesías con niños. Eso mediante las redes sociales.

Antes manejaba una página de Facebook, pero ya no la alimenta regularmente: “No quiero ser una influencer, solo que me encanta viajar y ayudar a la gente a la que también le gusta. Armo los itinerarios de mis amigos, les busco vuelos y hoteles baratos”, afirma y no descarta dedicarse al turismo más adelante.

Cumple un sueño. Tiene el castillo, el príncipe, la bebé y los viajes. Solo le queda seguir disfrutando de su historia de amor.