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Luego de un año de ausencia, la srta. Santa Cruz 2017, Giancarla Fernández, retorna al modelaje. Cuenta las razones que la mantuvieron alejada de las pasarelas.

“Ser miss requiere preparación y una inversión económica”

Regreso. La srta. Santa Cruz 2017, Giancarla Fernández, cree que le faltaron madurez y recursos para cumplir con su reinado. Hoy quiere repuntar como modelo


12/06/2019

El 22 de abril de 2017 su nombre retumbó en el salón Sirionó de Fexpocruz. A sus 18 años, Giancarla Fernández alcanzaba uno de sus sueños más anhelados consagrándose como srta. Santa Cruz. Ese mismo año, en el Miss Bolivia también fue nombrada miss Tierra.

Se sintió como en las nubes, atravesando el mejor momento de su carrera, pero la salud de su padre la trajo nuevamente a la Tierra.

Un año después de estar dedicada a sus estudios y a su familia, la morena, de 1,76 metros de estatura, regresa nuevamente a la pasarela, ya no en búsqueda de coronas, sino de repuntar en el modelaje.



Nubes oscuras

Se aprestaba a alistar sus maletas para viajar a Filipinas para participar en el certamen internacional Miss Tierra, cuando la desgracia golpeó a su puerta. Su padre sufrió una embolia que le dejó secuelas muy duras y lo postró en cama. Su madre tendría que sostener a su familia y ella no podía ser indiferente.

Pensó en renunciar al concurso para dedicarse solo al trabajo, pero su progenitora no permitió que abandone sus sueños. “Mi agencia me cubría los pasajes y el hospedaje en el extranjero, pero hay muchos gastos más. Un vestido de gala te cuesta unos $us 1.300. Ser miss requiere preparación y una inversión económica”, expresa.

Decidida a seguir adelante duplicó sus horarios de trabajo como modelo y pidió ayuda a sus amigas y a diseñadores nacionales, que le tendieron la mano.



“Todo lo que gané lo usé para comprar ropa y zapatos para el concurso. Además, los diseñadores me prestaron vestidos y mis amigas, accesorios. Con la ayuda de todos finalmente alcé vuelo”, recuerda.

Todo ese esfuerzo valió la pena, fue elegida como uno de los mejores rostros sin maquillaje del certamen, entre 85 candidatas, y obtuvo una medalla de oro.

Una nueva vida

Con el sueño cumplido regresó a su tierra, pero todo era diferente.

“Había muchas modelos y cuando se acaba tu reinado los trabajos van disminuyendo”, expresa.



Así decidió colgar los biquinis, apoyar a su familia y retomar sus estudios de Contaduría Pública en la Uagrm.

Reconoce que quizás también le faltó madurez para entender el valor de un título de belleza y aprovecharlo.

“Cuando entré al Miss Santa Cruz no pensaba como hoy. Era muy joven y para mí era un mundo nuevo. Siento que no cumplí con mis obligaciones como me hubiera gustado”, se lamenta, aunque confiesa que decidió dar vuelta a la página de los reinados.

Hoy, con 20 años, cree que creció y maduró lo suficiente como para volver a construir su imagen, esta vez como modelo. Dice que fueron meses de preparación física y mental, y asegura que esta vez nada la detendrá.

“Ya no me conformo con poco. Volví para ganar”, concluye.



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