Pronóstico de Tutiempo.net

Artista. La chuquisaqueña Daniela Ruiz baila desde los seis años. Ahora forma parte del staff de danza de Los Kjarkas. Ilustró la portada de la revista Vogue, México, de julio. Conocela.Foto: MARCO COSSÍO

Su pasión por la danza no conoce límites

Destacada. Daniela Ruiz baila desde los seis años. Es parte del staff de Los Kjarkas. Apareció en Vogue México


07/08/2019

Era apenas una niña de seis años cuando se topó de frente con el arte. Su madre, Angélica Torres, la introdujo en ese mundo, primero con la gimnasia y luego con el baile. Daniela Ruiz Torres quedó perdidamente enamorada. Con 27 años continúa ejerciendo su pasión, ahora en el staff de bailarines de Los Kjarkas.

La artista chuquisaqueña se describe feliz, cumpliendo un sueño que le costó grandes sacrificios y que marcó su vida.

El inicio



Integró el equipo de gimnasia olímpica, rítmica y artística de la Federación Departamental de Chuquisaca desde los seis hasta los 15 años. Paralelamente se unió a casi una decena de elencos en la constante búsqueda del perfeccionamiento de su estilo. Estuvo en el Ballet Folclórico Municipal y en las escuelas Marina Prudencio, Amparo Silva y Orígenes Bolivianos.

Desde pequeña conoció el significado del sacrificio. Practicaba durante varias horas y se cuidaba con la alimentación para aguantar las exigencias de los ensayos. Sin embargo, los esfuerzos no fueron solo físicos, pues al concluir el colegio tuvo que asumir una decisión muy importante.

“Sentí que mi carrera no podía crecer más en mi ciudad, entonces dejé todo y me fui a Cochabamba”, recuerda. Revela que allí, sola, le costó acostumbrarse a administrar sus propios recursos y a vivir alejada de su familia.

“Fue complicado y varias veces quise regresar, pero también estaba convencida de que tenía que insistir por mis sueños”, expresa.



En la Llajta, a la talentosa artista, de 1,65 metros de estatura, no le fue difícil llamar la atención de los conocedores del arte. Fue parte de Dance Studio Jazz, de Wálter Albarracín, y luego trabajó como coreógrafa y bailarina de Fico’s Show.

Mientras trabajaba terminó de formarse con cursos de diferentes ritmos en Bolivia y en Perú. Gracias a esto hoy se pone unas alpargatas para bailar un taquirari o unas zapatillas para girar en una obra clásica y deslumbra al público. Pero si le dan a escoger, se calza unos estiletos y da la vida por un jazz comercial.

Además del baile, Daniela estudió Administración de Empresas, pero aclara que está decidida a entregar su vida al arte.

Viviendo el sueño

Forma parte del elenco de bailarines de Los Kjarkas desde hace un año y medio, tiempo en el que ha viajado por Perú, Chile, Argentina, Ecuador, Colombia y Estados Unidos junto al conjunto folclórico boliviano.



“Tengo el mejor trabajo del mundo. Llegué más lejos de lo que esperaba. Estas son las ligas mayores. Nos presentamos ante un público de casi 20.000 personas y tenemos una vida de artistas”, expresa emocionada.

Pero todo este éxito no es gratis. Ella cuenta que cada día, sin feriados permitidos, ensaya durante varias horas y se ejercita en elongación y con aparatos en el gimnasio.

Chica Vogue

Hace unos meses, gracias a su popularidad y belleza, Daniela llamó la atención del fotógrafo boliviano Andrés Herbas, que combinó la perfección de su figura con distintos paisajes de Cochabamba. Y precisamente fue una de esas imágenes la que encantó a los editores de la versión mexicana de la revista Vogue, que la solicitaron para ilustrar su portada de julio.

A pesar de que todo le está saliendo ‘a pedir de boca’, Daniela cree que su carrera como bailarina no será eterna. “Tal vez no trabaje toda la vida sobre el escenario, pero bailaré hasta que mis pies se gasten”, asevera. Y revela que cuando no pueda bailar más le gustaría dedicarse a transmitir su conocimiento a otras personas que, como ella, tienen esa pasión por el arte. Para entonces podrá complementar su carrera artística con la empresarial, pero solo para enseñar y seguir vigente en lo que tanto ama.

Original. Su figura resaltó en medio de distintos escenarios urbanos de Cochabamba. Foto: ANDRÉS HERBAS / MARCO COSSÍO